Blog dedicado al estudio de la democracia en todos sus aspectos, pero centrándose en los formales, es decir, en el estudio de los sistemas políticos que aspiren a lograrla.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Por qué las democracias colapsan (i)

10:32 Posted by manulissen 1 comment

Artículo de ABRAHAM DISKIN, HANNA DISKIN y REUVEN Y. HAZAN aparecido en el International Political Science Review (2005), vol 26, no. 3, pp. 291 - 309.


Primera parte

La controversia sobre la estabilidad democrática

Hay un buen número de estudios empíricos comparativos sobre estabilidad democrática. La mayoría de ellos se han centrado o bien en la tradición político – institucional, o bien en la socioeconómica, pero no generalmente en ambas. Además, la mayor parte de la investigación habla de la transición hacia y la consolidación de la democracia más que de su estabilidad a largo plazo. Hasta el momento, ha sido escasa la investigación que uniera variables de ambas tradiciones y concediera importancia a la estabilidad democrática (Berg – Schlosser yDe Meur, 1994; Berg-Schlosser yMitchell, 2000, 2002; Gasiorowski yPower, 1998; Hadenius, 1994). Este tipo de estudios merece ser reconocido por su naturaleza y enfoque interdisciplinar y por sus descubrimientos relativos al impacto de un grupo de variables en las demás, pero todavía hay espacio para la expansión y el desarrollo.

Este artículo enlaza cuatro grupos de variables independientes para analizar la razón por la que los regímenes democráticos fracasan. El primer grupo está compuesto por variables de tipo institucional y evalúa elementos que varían desde el tipo de régimen hasta la concentración de los poderes en él. El segundo grupo incluye variables sociales y se centra en factores que van desde el trasfondo histórico del régimen democrático hasta los factores de tensión social. El tercer grupo comprende variables de mediación, centrados en la macro – política y los grupos sociológicos y muestran variables que van desde la naturaleza del sistema de partidos al nivel de estabilidad del gobierno y las coaliciones parlamentarias. El último grupo es de hecho una única variable, denominada “intromisión exterior”, que ha recibido escasa atención en el estudio de la estabilidad democrática, pero que ha demostrado ser fundamental. Las once variables incluidas en estas cuatro categorías se desarrollan a continuación.


Variables institucionales

Las cuatro variables institucionales utilizadas en este estudio incluyen dos que han recibido una atención sustancial en la literatura y dos que no. La primera variable examinada es el federalismo, que distingue entre sistemas de gobierno centralizados (Gran Bretaña), en un extremo, y gobiernos con una organización federal (Alemania) o semi – federal (Chipre antes de 1974) en el otro. Sostenemos aquí la hipótesis de que los estados federales son más propensos al colapso democrático que los unitarios. La introducción de un sistema federalista puede conducir a tensiones entre el “centro” y la “periferia” que pueden socavar la democracia, como ocurrió en la Guerra Civil americana. Esta hipótesis va en contra de la literatura sobre la relación entre esta variable y el colapso democrático. Por ejemplo, Lijphart (1984a, 1999) incluye el federalismo como uno de los elementos de contención de la mayoría que caracterizan su modelo consensual de la democracia. Desde su punto de vista, el federalismo es, entonces, propicio para la estabilidad democrática y no un factor peligroso (Lijphart, 1990). Diamond (1990), Diamond et al. (1995) y Horowitz (1994) se centran en la utilidad del federalismo en la distensión de conflictos étnicos y sociales, contribuyendo al desarrollo de democracias más estables en sociedades plurales. Hadenius (1994) no encontró una relación cuantitativa de valor entre el federalismo y la durabilidad de la democracia en países en desarrollo.

Una segunda variable a examen es el presidencialismo, que diferencia sistemas parlamentarios (caso de Italia) y sistemas presidencialistas y semi – presidencialistas (los Estados Unidos y Francia, respectivamente). El grueso de la literatura nos lleva a suponer que los sistemas presidencialistas y semi – presidencialistas son más propensos al colapso democrático que los parlamentarios. La razón estriba en la posibilidad de conflicto entre el Ejecutivo y el Legislativo. Esta variable ha generado toda una plétora de investigaciones, especialmente en la década de los 90. Por ejemplo, Stepan y Skach (1994) arguyen que el presidencialismo puede incluso impedir la consolidación de la democracia. El argumento más claro contra el presidencialismo fue presentado por Linz (1990, 1994). Entre los riesgos para la estabilidad de los sistemas democráticos presidencialistas, Linz incluye la rigidez, elecciones “de suma cero” y legitimidades duales – todas las cuales pueden minar la habilidad de producir compromisos, que son una necesidad básica para el sistema democrático. Horowitz (1990), Mainwaring (1993) y Shugart y Carey (1992), entre otros, han defendido el presidencialismo. El debate está lejos de asentarse, aunque la tendencia es favorable al parlamentarismo (Lijphart, 1991, 1995). Tres análisis recientes no han encontrado evidencias cuantitativas para apoyar a un régimen u otro (Power y Gasiorowski, 1997) o han acabado por situarse a favor del parlamentarismo (Hadenius, 1994; Przeworski et al., 1996).

La tercera variable institucional examinada es la proporcionalidad, que distingue entre casos de sistema electoral con una proporcionalidad baja (Canadá) y casos en los que se mantiene una alta proporcionalidad (Países Bajos). La literatura apunta a la hipótesis de que los sistemas proporcionales son más propensos al colapso que los que son menos. La influencia de la proporcionalidad, en todo caso, puede producir dos resultados contradictorios. Por un lado, una alta proporcionalidad puede expandir la fragmentación, aumentando así la fragilidad del sistema de partidos. Por otro lado, puede expandir la representación, conteniendo así los conflictos y evitando que salpiquen fuera del sistema. Mientras el debate sobre la proporcionalidad continua (Blais, 1991; Blais y Dion, 1990; Hadenius, 1994; Lardeyret, 1991; Lijphart, 1994, 1999; Sartori, 1994), la literatura cuenta con pocos exponentes que defiendan una alta proporcionalidad. Incluso los académicos a favor del sistema proporcional sugieren una versión moderada más que una radical. En este caso, son las consecuencias negativas de la alta proporcionalidad las que aparecen con más frecuencia en esta literatura.

La última variable institucional examinada es la debilidad constitucional (inestabilidad), que diferencia entre casos con una constitución estable (EEUU), demostrada por cambios constitucionales menores a lo largo del tiempo; casos donde se dan cambios demasiado frecuentes o profundos y generalmente inestables (Talidandia) y casos en los que hay una pérdida total de estabilidad constitucional (Israel). Sostenemos la hipótesis de que los sistemas con una estabilidad constitucional baja son más propensos al colapso democrático que aquéllos con una alta estabilidad. La razón es el marco normativo dentro del cual funcionan las democracias, es decir, los frecuentes cambios constitucionales podrían ser un indicador, no sólo una causa, de la inestabilidad democrática. Reglas de juego claras, sobre todo en tiempos de crisis, puede impedir que los enfrentamientos que socavan la democracia (Lutz, 1994). La cuestión de la estabilidad constitucional no ha sido considerada ampliamente en la literatura, pero sí tiene adeptos a ambos lados. Merkl (1993), por ejemplo, afirma que las constituciones flexibles son preferibles. Lijphart (1984a, 1990), por el contrario, postula que las constituciones rígidas bajo revisión judicial son parte de su modelo consensual, y sugiere este formato para las nuevas democracias.


Variables sociológicas

La mayor parte de la atención en la literatura se ha centrado en dos de las tres variables sociales. La primera variable es la fractura social, que distingue entre los países con pequeñas divisiones (Suecia) y aquellos con varias y profundas divisiones sociales (Líbano). La literatura apunta a la hipótesis de que los países con profundas o múltiples fracturas sociales son más propensos al colapso democrático que aquéllos con tenues divisiones o fracturas transversales. La teoría de Lipset (1959, 1960, 1994), de que las crisis transversales sirven para hacer una democracia estable está ampliamente aceptada. Dahl (1971), Horowitz (1994), Lijphart (1977) y Powell (1982) aportan más más detalles sobre la relación entre divisiones sociales y desarrollo democrático. Sin embargo, la literatura principalmente evalúa qué tipo de divisiones sociales, o la ausencia de ellas, conduce a una democracia más estable, mientras que nosotros estamos interesados en invertir esta relación para examinar la influencia de divisiones en la ruptura de la democracia.

La segunda variable es el mal funcionamiento de la economía, que distingue entre los casos con problemas económicos menores (Noruega) y aquellos con un peso significativo de los problemas económicos (Weimar en Alemania y un gran número de democracias en el mundo desarrollado). La mayor parte de la literatura nos lleva a la hipótesis de que los países con economías débiles o inestables son más propensos al colapso democrático que aquellos con economías estables. Przeworski et al. (1996, 2000) examinan los resultados económicos (es decir, el crecimiento, la ausencia de crisis, y la baja inflación) y la estabilidad de la democracia. Llegan a la conclusión de que la riqueza (un desarrollo positivo continuo de la economía) contribuye a la estabilidad democrática. Powell (1982) examina la relación entre la desigualdad económica y la violencia. Estos son sólo algunos de los estudios que miden los resultados económicos, no el desarrollo económico, y su relación con la estabilidad democrática. Lipset (1959), por ejemplo, mide los índices de desarrollo democrático (riqueza, industrialización, urbanización y educación) y afirma que, contra mayor es el desarrollo económico de una nación, mayor es la probabilidad de mantener un régimen democrático. Esta afirmación de Lipset ha sido confirmada por numerosos estudiosos que han llevado a cabo análisis multivariable, tales como Bollen (1979), Cutright (1963), Cutright y Wiley (1969), Lipset et al. (1993), y Olsen (1968) entre otros. La discusión entre estos estudiosos se refiere al tipo de relación, más que la existencia de dicha relación. ¿Es la relación lineal o no? (Bollen y Jackman, 1985) ¿Es la principal variable el desarrollo económico o la desigualdad de ingresos? (Hadenius, 1994; Muller, 1988, 1995).

Una tercera variable social, una historia desfavorable, es en realidad un conjunto de variables: se trata de los antecedentes democráticos del sistema sobre la base de su experiencia histórica, su cultura política, así como el grado de desarrollo de su sociedad civil. Se postula que los países con escasos o difusos antecedentes históricos (Perú y Turquía, respectivamente) son más propensos al colapso democrático que aquellos con una democracia histórica, cultural, civilmente sostenida por antecedentes (Suiza). La conexión establecida por Almond y Verba (1963) entre su versión preferida de una “cultura cívica” y la estabilidad de un régimen democrático es una de las más citadas referencias con respecto a esta variable, junto con Lipset (1960) y, más recientemente, Diamond (1993) y Putnam (1993). Huntington (1991) también ha extrapolado una relación entre la cultura y la democratización. Sin embargo, su trabajo, como es el caso de la mayor parte de la literatura en este campo, se refiere a la cultura como requisito previo para el establecimiento de la democracia (es decir, la democratización) y no para la estabilidad democrática. Inglehart (1988) llega a la conclusión de que existe una conexión entre el carácter cultural de la sociedad y la tendencia a adoptar instituciones democráticas. Diskin (2001) sostiene que "la historia favorable", en el sentido del desarrollo de la sociedad civil, como lo demuestra el papel del movimiento de oposición en Polonia y la incomparable contribución de la Iglesia católica romana, fue un factor importante de la revolución de 1989 en Europa oriental. Unos pocos estudiosos evalúan la pertinencia de las variables de trasfondo para la supervivencia de la democracia. Diamond et al. (1995), por ejemplo, encuentran una considerable evidencia de que las características de la cultura democrática están estrechamente correlacionadas con la estabilidad democrática. Weiner (1987) observa que el modelo colonial británico de “democracia tutelar” ha tenido más éxito que otros modelos coloniales en el mantenimiento de las instituciones democráticas en países de reciente independencia. Weiner, por tanto, considera que el marco institucional para la democracia, una vez instalado, ayuda a crear las condiciones necesarias para su propia persistencia. Daalder (1966) sostiene que un desarrollo democrático gradual, particularmente en relación con las actitudes de la élite y el crecimiento económico, es un requisito para la estabilidad democrática. Para fines operacionales, se ha hecho también referencia al grado de violencia doméstica y a crisis democráticas previas en la medición de esta variable en cada uno de los casos investigados.


Variables “de mediación”

También han sido incluidas en este estudio tres variables de mediación entre las instituciones y la sociedad. La primera de ellas es la fragmentación, que trata sobre el grado de dispersión del sistema de partidos, representada por el número de partidos en la parte baja o cámara única del Parlamento. La literatura apunta a la hipótesis de que los sistemas de partidos con un alto nivel de fragmentación (Weimar en Alemania) son más propensos al colapso democrático que los sistemas con baja fragmentación (los EE.UU.). El debate sobre la fragmentación es en gran parte responsable de definir el ámbito de los partidos y los sistemas de partidos. Desde Duverger (1954) y Lipset (1960), el recuento numérico de partidos y la consiguiente relación con la estabilidad democrática ha sido un foco central de gran parte de la literatura. Estos estudiosos, entre otros, como Neumann (1956) y Dahl (1971), percibían que el sistema de dos partidos era una condición necesaria para la estabilidad política. Incluso los estudiosos que sostienen que la fragmentación no conduce necesariamente a la ruptura de la democracia (es decir, que los sistemas fragmentados pueden ser estables) abogan por un moderado nivel de fragmentación en lugar de uno alto (Lijphart, 1977; Midlarsky, 1984; Rokkan, 1970; Sartori, 1976).

Una segunda variable es la polarización, que distingue entre los sistemas de partidos con un bajo grado de polarización (Australia) y los sistemas de partidos en el que un grado considerable de partidos políticos anti – sistema juegan un papel relevante (España antes de Franco). La mayor parte de la literatura nos lleva a la hipótesis de que sistemas de partidos altamente polarizados son más propensos al colapso democrático que los sistemas con baja polarización. La razón es que la polarización produce facciones extremistas o anti – sitema que pueden socavar la legitimidad del régimen, por lo general son excluidos del poder, y pueden impedir la formación de los gobiernos – limitando así la gama de partidos que tienen acceso al poder. El resultado final es la inestabilidad democrática (Daalder, 1971; Hazan, 1995, 1997; Ieraci, 1992; Lane y Ersson, 1987; Powell, 1986; Sani y Sartori, 1983; Sartori, 1976).

Otra variable dentro de la categoría de mediación es la inestabilidad gubernamental, que se refiere al grado de estabilidad del gobierno sobre la base de la durabilidad de las coaliciones de gobierno y de sus gabinetes, o ambas cosas. La literatura lleva a la hipótesis de que los gobiernos inestables, o regidos por coaliciones (Cuarta República Francesa), son más propensos al colapso democrático que los gobiernos estables (Alemania posterior a la Segunda Guerra Mundial). Por otra parte, la inestabilidad gubernamental también puede ser un indicio de una disminución general de la estabilidad como consecuencia de otros factores, algunos de los cuales constituyen otras variables en este estudio. La conexión entre la estabilidad del gobierno o de la coalición y el régimen suele ser examinada en el marco de estudios concretos y en la literatura en relación con el nivel de gobierno generalmente se evalúa la estabilidad de la relación en la dirección “contraria”, es decir, la influencia del régimen de gobierno en los atributos de la estabilidad (Dodd, 1976; Taylor y Herman, 1971). Por otra parte, la mayoría de los estudios sobre gobiernos o coaliciones y estabilidad están dedicados a la investigación de los atributos particulares de la coalición que conducen a la estabilidad o inestabilidad del gobierno per se, antes que sobre el sistema democrático en su totalidad (Axelrod, 1970; Blondel, 1968; Browne et al., 1986; De Swaan, 1973; King et al., 1990; Laver, 1974; Laver y Schofield, 1991; Laver y Shepsle, 1996; Sanders y Herman, 1977; Warwick, 1994).


Variables externas

Una variable que no encaja en ninguna de las tres categorías anteriores en este artículo es la participación extranjera, que se refiere a la implicación (o amenazas graves), de países extranjeros (u otros elementos) en la política interna. El poder explicativo de esta variable hace imprescindible su inclusión en cualquier análisis de colapso democrático. Se postula que los países que experimentan graves niveles de participación de las fuerzas extranjeras son más propensos a colapso democrático que aquellos con baja participación. La participación extranjera, en numerosos casos, ha sido el principal factor que ha puesto fin a un régimen democrático. Se excluyeron de nuestro examen, sin embargo, todos los casos de ocupación pura y simple, como en Francia y Noruega (1940), Polonia (1947), y Checoslovaquia y Hungría (1948). La literatura no ha abordado este factor en una comparativa, de manera analítica. Obviamente, hay casos, como la intromisión en los antiguos países comunistas del oeste, en el que la influencia extranjera resultó positiva. Determinado país o zona de estudios han incluido un debate sobre el papel de las fuerzas extranjeras en el colapso de la democracia, pero esta variable rara vez se ha incluido en los estudios comparativos que se centran en la estabilidad democrática (Fischer-Galati, 1992; Gasiorowski y Power, 1998).



(Siguiente parte: Resultados. En principio, se omite la parte de Metodología y casos de estudio- páginas 7 a 9 - para centrarnos en la información más relevante para el lector).

© 2005 International Political Science Association
SAGE Publications (London, Thousand Oaks, CA and New Delhi)

DOI: 10.1177/0192512105053787

sábado, 9 de agosto de 2008

Partidocracia en España (primera parte)

6:57 Posted by José García Palacios 1 comment
Hace mucho, antes de las elecciones generales, me comprometí a escribir una serie, titulada Partidocracia en España, sobre como los partidos políticos en muchísimas ocasiones hacen lo que les da la gana con nuestros votos, para colocar como gobernantes a quienes ellos les place y no a quien deciden los ciudadanos.

Básicamente el estudio va dirigido a la necesidad de cambiar el sistema electoral español, para tener elecciones separadas al Legislativo y al Ejecutivo, y estas últimas a doble vuelta en caso de que nadie obtenga un apoyo ciudadano del 50% en la primera elección.

Comencé por las elecciones generales, siguen las elecciones autonómicas, después irán las elecciones municipales, y finalmente es posible que anote algunos hechos curiosos de la historia electoral española.

El ritmo de publicación está siendo lento, porque a la vez sigo escribiendo sobre todos los temas que se me ocurren. Pero poco a poco voy avanzado. Ya he terminado la primera parte, la dedicada a las elecciones generales, y acabo de empezar con los textos sobre las elecciones autonómicas. Las conclusiones a las elecciones generales fueron demoledoras desde un punto de vista estrictamente democrático, peores de lo que yo esperaba cuando decidí hacer este estudio.

Cada vez estoy más seguro de que en España no hay democracia, es decir, no hay gobierno de los ciudadanos, sino partidocracia, o sea, gobierno de los partidos políticos, que hacen y deshacen a su antojo.

Cuando acabe esta serie, dentro de algún tiempo, quiero abrir otra, mucho más corta que la presente, en la que quiero dar una serie de alternativas que creo que necesita España para convertirse realmente en una democracia. Por supuesto no espero que se lleven a la práctica por el mero hecho de escribirlas, pero ahí quedarán, por si a alguien le interesa.

Y mientras tanto seguiré publicando los textos sobre la serie partidocracia en España. Si no antes, cuando termine la parte sobre las elecciones autonómicas, me dejo caer de nuevo por aquí.

jueves, 31 de julio de 2008

Análisis preliminar: el fraude del sistema político Español

21:42 Posted by Lino Moinelo , , 3 comments
Se puede observar fácilmente que existe una tendencia general a que los ciudadanos españoles voten generalmente a partidos, no a personas. Esta sería una premisa inicial a tener en cuenta antes de entrar en el resto de consideraciones. De esta forma, las opciones escogidas en las convocatorias electorales no dependen tanto del resultado objetivo como de determinadas coyunturas, sentimientos personales o circunstancias históricas varias, que provocan que los defectos tanto de unos como de otros, se perpetúen más de lo deseable. Por estos motivos, se asume que esta peculiaridad del electorado Español es negativa.

Esto es debido seguramente a dos motivos los cuales se realimentan entre si, formando un circulo vicioso. Cada uno de estos motivos representa respectivamente a los principales elementos presentes en un sistema político: el formal y el social.
  1. Porque el sistema lo propicia (no existen candidaturas independientes, las listas son cerradas, no hay independencia de poderes, etc.)
  2. Por la propia idiosincrasia del ciudadano Español (falta de cultura democrática, sectarismo, nacionalismos, etc.)
Aunque el candidato es parte fundamental, a la hora de la verdad se votan programas, ideologías (esta circunstancia tal vez se presente menos en los municipios, en donde la cercanía a los políticos es mucho mayor y las ideologías adquieren un segundo plano). Si se tuviera la oportunidad de elegir tanto a los candidatos como por ejemplo, interviniendo en la formación de las listas, o se eligiera al jefe del ejecutivo (Presidente del Gobierno) de forma independiente al de los miembros del legislativo (diputados), tal vez la actitud de los ciudadanos sería distinta a la hora de escoger sus opciones políticas, ya que la oferta sería mucho mayor y mejor. Otro aspecto a tratar sería el de reducir la capacidad de decisión de los políticos para nivelarla a favor de la participación ciudadana a través de referéndum, tanto a nivel autonómico como estatal o nacional.

La responsabilidad de esto la tuvieron en la transición todas las fuerzas políticas que tuvieron la oportunidad de negociar un sistema político que incluyese los aspectos anteriores. No fue así, y ahora somos los ciudadanos los responsables de mejorar esto.

A tenor de lo expuesto y analizando el sistema electoral y representativo Español, se puede deducir que la supresión del mandato imperativo que eliminaba la responsabilidad de los políticos con los ciudadanos, abrió las puertas a que esta responsabilidad lo fuera para con su partido. Por esta razón, lo incongruente o incoherente del sistema Español es que aunque se vote a partidos, el reparto de escaños lo es en función de los votos recibidos por los candidatos de cada distrito, aunque al ser estos elegidos como candidatos por los partidos y estar estos sometidos a su disciplina, no sean más que meras extensiones de estos.

Por otro lado, aunque los ciudadanos pretendiéramos votar en función de los candidatos presentados en cada distrito ya que el sistema lo permite, el funcionamiento real seguiría siendo por partidos, por los motivos presentados. De ahí el principal fraude que se realiza, al aparentar una posibilidad que en la práctica, no es tal. En resumen, se presenta un doble fraude:
  1. Los que tienen verdadera capacidad de decisión son los partidos, no los ciudadanos, ya que aquellos controlan a los candidatos y en definitiva toda la oferta electoral, tanto en el ejecutivo como en el legislativo. Y dentro de los partidos, sus cúpulas, las cuales pactan acuerdos postelectorales ajenos a la voluntad de los ciudadanos la gran mayoría de ocasiones, o al menos, sin consultárselo.
  2. El reparto de poder a los partidos, no es proporcional, aprovechando la elección por distritos que otorga más poder a aquellos que reciben un mayor número de votos en su circunscripción, aún recibiendo el partido al que pertenece un menor número de votos a nivel estatal o nacional. Esto sería válido únicamente si el candidato es independiente (aspecto que tampoco es posible con el actual sistema) o en todo caso, existiesen mecanismos para que deba cumplir con su electorado, no con su partido.
Ejemplo

Un ejemplo práctico y real de esta situación se dio en las pasadas Elecciones Generales del 9 de Marzo de 2008. En la Comunidad Valenciana, el PSOE/PSPV presentaba a la actual vicepresidenta Dña. Mª Teresa Fernández de La Vega, como candidata «por valencia», para lo cual tuvo que empadronarse forzosamente en dicha provincia (municipio de Beneixida).

Se utilizaba de esta forma un supuesto gancho de esta ministra valenciana para atraer al público valenciano y que con sus votos contribuyera a la victoria de su partido en el cómputo general, sin garantías de que el escaño obtenido esté al servicio de representar a sus electores. Escaño obtenido por cierto, a pesar de perder en su distrito electoral ya que una vez más se observa que aún siendo la representación por distritos el reparto es proporcional, constituyéndose un extraño sistema proporcional de listas bloquedadas distintas para cada circunscripción y con un valor distinto por escaño según su población.

El voto en blanco

Otro aspecto fraudulento es el tratamiento del voto en blanco. Esta opción de voto, en la práctica y con el actual sistema, tan solo modifica los margenes mínimos necesarios para obtener representación parlamentaria. Es decir, si existiesen un 80% de votos en blanco, y el mínimo para obtener al menos un diputado es el 5%, los 350 escaños actuales se llenarían con la representación obtenida del 15% restante. Si ese electorado vota siguiendo la pauta hasta ahora, es decir, con dos partidos mayoritarios ocupando el 85% de los escaños, se correspondería con un 12,75% de ese 15%, no quedando margen electoral para los partidos pequeños ni para ningún otro partido que no sea de los mayoritarios, al no quedar porcentaje suficiente. Nada que ver con la utilidad que debería tener esta opción de voto.


miércoles, 19 de marzo de 2008

Alternativas al sistema electoral

22:56 Posted by manulissen , 3 comments
Parece que el escaño conseguido por UPyD en las pasadas elecciones legislativas ha sido el agente catalizador que la sociedad civil necesitaba para desencadenar un movimiento de protesta contra la actual ley electoral y al mismo tiempo de búsqueda de una alternativa democrática. El debate que se anticipaba en nuestro pequeño grupo se ha repetido a lo largo de la blogosfera con la misma intensidad, llegando a cuajar en campañas como la de nuestros amigos Cordobeses por la Libertad, que ahora mismo tienen abierta una recogida de firmas sobre el tema. También hemos conocido a lo largo de estos meses críticas y propuestas muy diversas, como las de la plataforma CERLE.

Han sido, sin embargo, las recientes elecciones generales las que han provocado esta reacción de la sociedad, forzando la convergencia de los distintos grupos y ciudadanos anónimos preocupados por el tema. Así es como el deseo de cambio se ha convertido en el foco de atención de nuestra pequeña red social y como han ido apareciendo inesperados "compañeros de camino".

Parece, por tanto, que es un buen momento para considerar cómo vamos a canalizar toda esta energía cívica que se está acumulando a propósito de nuestro sistema electoral. Este artículo sólo quiere ofrecer unos enlaces "de auxilio" para animar un debate profundo y fructífero sobre las diferentes alternativas.

Para empezar, merece la pena recordar algunas direcciones básicas para comprender de qué estamos hablando:
En segundo lugar, necesitamos un análisis de nuestro sistema electoral. Para ello:
Por supuesto, llegados a este punto, podríamos tener la tentación de entrar en el handbook de diseño de sistemas electorales de The International Idea, o hacernos una cuenta en el wiki Electorama!, o bajarnos el OpenSTV (Open Single Transferable Vote) y probarlo en nuestro blog, o quizás afiliarnos a partidos reformistas como AVE, UCiD , D3 o incluso UPyD, Ciudadanos (¡o IU!)... pero vamos a parar un momentito.

Un aspecto fundamental de la posible reforma es el que apunta nuestro imprescindible Quijano en su página, cuando dice:
"(...) que no se confunda nadie. La reforma previsible reforma en caso de hacerse por estos partidos políticos, se basa bajar el listón de porcentaje o de número de votos para obtener representación en el parlamento. Una reforma que causará resquemor en las formaciones nacionalistas, que aprovecharán sin duda la ocasión, para reforzar con argumentos victimistas sus posiciones separatistas.

La verdadera reforma, que significaría la defunción del régimen y la apertura hacia una verdadera democracia, vendría con una separación de elecciones, presidenciales y legislativas y un sistema de voto mayoritario a doble vuelta donde saliesen elegidos un solo representante ganador, al que se le podría exigir responsabilidades por su gestión.

(...) Esta ley electoral es el talón de Aquiles de esta partitocracia y por tanto, el blanco a apuntar con la flecha de la verdad, para todo ciudadano que anhele la democracia y la libertad."
Movidos por un espíritu semejante, algunos ciudadanos se han reunido en el blog Reforma Electoral, desde donde hacen este alegato:
- Exigimos a las dos grandes formaciones políticas españolas una profunda reflexión desvinculada de sus intereses partidistas, coyunturales y electorales.

- Reclamamos que escuchen las voces que se alzan en la sociedad deseosas de un cambio que permita que el voto de todos los ciudadanos tenga el mismo valor.

- Demandamos una reforma de la actual Ley Electoral, por injusta y alejada del principio "Un ciudadano, un voto".
Nos corresponde ver, juzgar y actuar, pues es la hora de los ciudadanos.

domingo, 16 de marzo de 2008

Información sobre Venezuela

12:17 Posted by Lino Moinelo , No comments

Otro de los paises iberoamericanos señalados y en este caso, controvertidos por su implementación particular de la democracia, sería Venezuela.


Bandera de Venezuela


Como es habitual, además de resaltar las carácterísticas principales, en los enláces a continuación se podrá consultar diversa información sobre su sistema.




A modo de resumen, se destacan las principales características de su sistema político:

Como una innovación, en la Constitución de Venezuela se recogen cinco poderes, en lugar de los tres tradicionales. Sin embargo, no es posible encontrar un mecanismo adecuado de separación entre ellos, ya que todos son controlados y elegidos por el parlamento (Asamblea Nacional), el poder legislativo:

Información sobre Chile

12:16 Posted by Lino Moinelo , No comments

Además de las democracias consolidadas y ejemplares (desde el punto de vista de su aplicación formal y social) en el mundo que se han visto, pienso que puede ser interesante conocer algo de las transiciones políticas ocurridas en otros paises, hacia sistemas que tal vez se podría considerar que son más democráticos que el español.


Bandera de Chile


En el caso de Chile; un país que podemos decir con ciertas similitudes al nuestro, además de las culturales, por haber sufrido una dictadura clasificada habitualmente como «de derechas»; podemos encontrarnos con elecciones presidenciales a doble vuelta y con elecciones al parlamento de diputados y senadores, por separado, por citar solo dos elementos de los más característicos en una República presidencial.


A continuación se exponen una serie de enlaces de la Wikipedia y otras fuentes, a partir de las cuales es posible obtener más información y documentos, como por ejemplo, la Constitución Chilena en pdf:


- Política de Chile
- Constitución de Chile
- Breve explicación de la democracia en Chile, en la Biblioteca del Congreso Nacional de dicho país. (una versión chilena de la Library of Congress, de los EUA)
- Breve resumen de la historia de la democracia en Chile, en memoria chilena (institución cultural chilena)

PRESENTACIÓN

0:23 Posted by ALCD 1 comment
Con este blog se pretende dar cuenta de los tipos de sistemas políticos existentes en el mundo, cómo se han desarrollado y qué logros en la consecución del gobierno del, para y por el pueblo han obtenido.

Dicho en otras palabras: qué sistemas políticos que aspiran a lograr la democracia lo consiguen, en que grado y en que forma.

Para ello se analizarán los sistemas de representación, de elección, de revocación, de separación de poderes, etc, implementados en dichos sistemas.

Esperamos que sea de su agrado, y sobre todo, de su utilidad como ciudadanos.